Cappuccino

Cómo hacer Cappuccino en casa

Café espresso, leche caliente y una capa cremosa de espuma de leche. Así de sencillo, así de complicado. Sencillo porque el cappuccino no lleva ingredientes extraños, es una receta transparente y clara, sin lugar a variaciones ingeniosas. Y complicado porque hacer un buen cappuccino es fácil, pero hacerlo mal también es muy fácil, desgraciadamente. Ya sea por utilizar ingredientes de mala calidad, ya sea por una mala técnica de preparación, en demasiadas cafeterías no es raro encontrarse con cafés que no son cappuccinos, o cappuccinos que ni siquiera parecen cafés. 

Afortunadamente preparar un buen cappuccino en casa es sencillo si sigues nuestros consejos, recopilados de la experiencia y buen saber de numerosos expertos baristas a los que hemos consultado.

Cómo hacer un cappuccino en casa

Preparar un buen cappuccino en nuestra cocina está a nuestro alcance porque la receta es muy sencilla. Lo que hemos de aprender es la técnica. Que también es sencilla, pero que necesita práctica hasta lograr ser excelente. Vamos a empezar por los ingredientes:

La Taza

¿La taza? No es un ingrediente, pero en este caso es importante. Un buen cappuccino necesita una taza o un vaso con un tamaño adecuado, para que la espuma de leche final forme esa capa superior al nivel del borde. Por eso no es buena idea servirlo en un tazón o taza grande, o uno de esos vasos enormes. Una taza de tamaño pequeño / medio es la ideal. 

El café

Ese delicioso cappuccino que nos sirven en nuestra cafetería preferida está preparado con un café expreso (espresso). Es decir, un café preparado en una cafetera profesional, que le proporciona ese sabor fuerte a la vez que cremoso, el placer máximo de un café solo. Si sois baristas entusiastas y contáis con una máquina espresso en casa, que incluya vaporizador para la leche…genial 🙂 Pero para la mayoría de nosotr@s…

Much@s teneis en casa una de esas maquinitas de cápsulas que intentan imitar a la máquina espresso. Si es tu caso, puedes utilizarla para preparar tu cappuccino. Siempre que hagáis un café espresso fuerte y con cuerpo.  

Pero no hay problema si no disponéis de una de esas, porque también podemos utilizar nuestra cafetera italiana “de toda la vida”, la de rosca o moka. No será un espresso 100%, pero si lo hacéis bien tendréis un café potente y sabroso. Visitad nuestra guía para aprender a hacer un buen café con la cafetera italiana. 

Otros métodos de preparar café como la prensa francesa o las cafeteras de goteo no son recomendables para un cappuccino. Esas cafeteras preparan buen café, pero no tan cremoso y fuerte como las cafeteras espresso o la cafetera italiana. Pero si es vuestra elección, adelante.

Y recomendaros por supuesto que a la hora de preparar el café, lo hagáis con café en grano recién molido, si es posible. 

La leche

La elección de la leche no es muy complicada, ya que lo que importa es cómo vamos a prepararla, la técnica. Una buena leche entera es mejor y más recomendable que una desnatada, ya que la nata natural de la entera producirá una espuma más cremosa y dulce. 

Cómo batir la leche: la clave del Cappuccino

La capa de espuma de leche es la clave de esta receta. Una buena leche espumada es lo que diferencia a un buen capuccino, la que lo convierte en una pequeña obra de arte. 

Y para lograrlo, hemos visto que el ingrediente es muy sencillo, un buena leche entera. Lo difícil es cómo hacer para espumarla, y lograr ese punto de cremosidad tan especial. 

En las cafeterías habréis visto que las máquinas profesionales de las cafeterías disponen de un tubo especial en un lado de la máquina. Ese tubo se llama vaporizador, y se usa para para calentar y espumar leche, gracias al vapor de agua a alta temperatura que sale por esta tubería. Para espumar la leche que lleva un cappuccino el barista introduce este tubo dentro de una jarra metálica con leche debajo y abre la llave. Moviendo la jarra arriba y abajo – la técnica profesional – el barista introduce aire a presión en la leche, y esto y el calor del vapor hace que se vaya espumando. Tras unos segundos el resultado es una leche que parece nata, pero que en realidad no es más que leche espumada. 

Para conseguir el mismo efecto en casa, podemos utilizar dos utensilios muy sencillos: la prensa francesa o el batidor / espumador de leche. 

La prensa francesa ya la conocéis. Es esa cafetera de cristal con un émbolo que sirve para preparar café mezclando agua muy caliente con café molido. 

Pues para espumar leche funciona estupendamente. Veamos cómo en un 1,2,3…

  1. Calentamos una taza de leche en la cocina o el microondas, sin que llegue a hervir. 
  2. La echamos en la cafetera francesa.
  3. Subimos y bajamos el émbolo durante 10 o 12 veces de forma enérgica. Así vamos introduciendo aire en la leche, al mismo tiempo que la espumamos. Seguimos batiendo hasta conseguir una leche espumada, con consistencia de nata cremosa. 

¿Fácil no? Y sin gastar luz 🙂

Con el batidor o espumador eléctrico es también muy sencillo. Se trata de una mini batidora con una espiral de muelle en la punta. Para espumar la leche:

  1. Calentamos una taza de leche en la cocina o el microondas, sin que llegue a hervir.  
  2. Introducimos el batidor en la taza y lo accionamos, subiendo y bajando hasta conseguir una leche espumada, con consistencia de nata cremosa. 

Y si quereís ir un paso más allá, también existen en el mercado espumadores profesionales de leche, como estos. 

Importante: Si nunca habéis espumado leche, puede que tardéis un poco en conseguir la consistencia adecuada. Es cuestión de unos segundos, pero es normal que al principio no salga a la primera. Espumar leche es una de las técnicas de los profesionales baristas que más cuesta conseguir, así que paciencia, que con práctica cada día os saldrá mejor. 

Guía Paso a Paso

  1. La taza de nuestro capuccino no debe estar fría, si lo está hay que calentarla un poco en el microondas o frotándola con un paño. 
  2. Mientras se hace el café, calentamos y espumamos la leche. Mejor si lo hacemos en una jarrita metálica o de cerámica, para poder servirla bien. La damos unos golpecitos en la mesa para soltar algunas burbujas. 
  3. Vertimos café en la taza, alrededor de un tercio. 
  4. Con la taza en una mano y la jarrita de leche en la otra, inclinamos la taza y vamos sirviendo la leche poco a poco. 
  5. Terminamos de llenar la taza moviendo el chorro de la jarra hacia el centro, así se formará una capa de espuma que llegará hasta el borde. 
  6. El cappuccino está terminado. 
  7. Opcional: se puede añadir una pequeña cantidad de canela en polvo, nuez moscada en polvo o cacao en polvo. 
  8. Si la leche es entera y bien espumada y el café está bien hecho, el capuccino tendrá un toque dulce, añadir azúcar será opcional. 
  9. No hay que tardar mucho entre servirlo y consumirlo. 
  10. Disfrutar. 

Cappuccino y Latte: Diferencias

¿Café con leche por encima ? O sea, el cappuccino es un café con leche de toda la vida. 

¡ No ! No es lo mismo, aunque use los mismos ingredientes: café espresso y leche. ¿Acaso es lo mismo una tortilla francesa que unos huevos revueltos? ¿Usan los mismos ingredientes si? Pues son dos recetas distintas. Lo mismo ocurre con el cappuccino y el latte. Nota: Latte es como en Italia, Europa y Estados Unidos llaman a la receta de café con leche. (no pidas en Londres o Miami “un coffee with milk”. Pide un latte 😉

Latte = Café con Leche

La diferencia entre el cappuccino y el latte es esta: el cappuccino está compuesto por 3 elementos: café, leche y espuma de leche. Y ahí está la clave. Es esta leche espumada o batida es la que le da al cappuccino su cremosidad y dulzura. El café con leche o latte no lleva esa capa gruesa de leche batida en la parte superior, en el cappuccino es esencial. Sino la lleva, no es un cappuccino. Que como veremos es uno de los errores más comunes a la hora de preparar un mal cappuccino. No terminar la taza con esa tercera capa de cremosa leche batida. 

La otra gran diferencia entre café con leche y cappuccino es la proporción de leche de ambas tazas. En un café con leche la proporción es de aproximadamente 20% de café y 80% de leche. En un cappuccino, un tercio es café negro, ⅓ leche caliente y ⅓ crema de leche. 

Por esa razón un cappuccino siempre será “más fuerte” y con más sabor a café. El latte es siempre más suave porque sencillamente lleva más cantidad de leche. 

Orígenes del Cappuccino

¿De dónde viene el cappuccino? ¿De donde proviene esta maravillosa mezcla de café negro y fuerte con deliciosa crema de leche? Pues parece que la historia del cappuccino está muy ligada a la propia historia del café en Europa. Recordemos que los primeros granos de café llegaron a Europa a principios del siglo XVII, es decir…1600 y pico. Y que un siglo después el consumo de café era ya muy popular en el centro y norte del continente, a pesar del intento de algunos ¿ignorantes? reyes y clérigos que intentaron prohibirlo  sin éxito. 

Numerosos locales – antecesores de las cafeterías – servían café en ciudades como París, Venecia o Viena, espacios donde la gente solía acudir no solo a disfrutar esta nueva bebida, también conversar y socializar. 

Pues en una de estas ciudades, Viena, se empezaron a servir los primeros kapuziner, que  en alemán significa capuchino. Los capuchinos eran una orden de monjes  – aún existen – cuya vestimenta era una gran túnica de color marrón, y por eso a alguien se le ocurrió llamar a la nueva receta de café así, kapuziner. La receta original mezclaba café negro con leche batida o nata, y se hizo tan popular que saltó al norte de Italia. Los italianos la adoptaron y mejoraron, aunque conservaron y tradujeron el nombre: cappuccino.

En la década de 1930 la nueva receta – inmensamente popular ya en toda Italia – saltó las fronteras europeas y llegó a América, donde se convirtió en una manera muy “cool” de pedir y tomar un café. Y desde entonces hasta ahora, cuando se ha convertido una de las recetas de café más sabrosas y populares, disfrutada cada día por millones de entusiastas consumidores en todo el mundo.